Crédito en el Catatumbo: Acceso limitado en una región de alta vulnerabilidad

Desde el Observatorio Financiero Rural de la Universidad Javeriana, hemos analizado la realidad del crédito en el Catatumbo, una región que enfrenta desafíos económicos y sociales derivados del conflicto. Para atender la crisis en esta zona, el Gobierno decretó la conmoción interior y anunció la destinación de 2.7 billones de pesos para atender la emergencia. Parte de estos recursos se espera dirigir al fortalecimiento de la producción agropecuaria mediante nuevos créditos, alivios financieros y garantías.

Nuestro análisis se enfoca en los créditos desembolsados por las instituciones financieras en la región del Catatumbo, compuesta por 13 municipios, 11 en Norte de Santander y 2 en Cesar[1]. La única ciudad de carácter urbano es Ocaña, mientras que el resto de la región es predominantemente rural. En este contexto, comprender las condiciones actuales del crédito es clave para orientar adecuadamente las futuras intervenciones.

Durante 2024, las instituciones financieras desembolsaron $448 mil millones en 322,467 créditos, con una tasa de interés promedio del 20%. Sin embargo, la mayor parte de estos recursos se dirigió al crédito de consumo, que representa el 94% del número de créditos y el 42% del monto total desembolsado. En contraste, el crédito productivo, clave para el desarrollo económico del territorio, representa el 21% del monto total, una cifra significativamente superior al promedio nacional, donde solo el 2% del monto del crédito está destinado a actividades productivas.

El crédito productivo es aquel dirigido al desarrollo de actividades económicas, con montos de hasta $171 millones de pesos. En el caso del sector agropecuario, este tipo de crédito es fundamental para pequeños productores, quienes dependen de él para financiar insumos, infraestructura y capital de trabajo.

Un dato relevante es la concentración del crédito en Ocaña, el único municipio urbano de la región. Allí se colocó el 68% del total desembolsado y el 81% del número de créditos. Esto evidencia que, aunque existen recursos financieros en el Catatumbo, estos no necesariamente están llegando a los municipios más rurales.

En cuanto a los mecanismos de garantía, el Fondo Agropecuario de Garantías (FAG) respaldó 2,990 créditos por un total de $60 mil millones, lo que representa tan solo el 0.9% del total de créditos otorgados en la región y el 4.5% de los créditos en municipios rurales. Estos créditos respaldados por el FAG tuvieron una tasa de interés promedio del 13.2%, con un monto promedio de $20 millones. Aunque en los municipios rurales el FAG cubre el 36.1% del monto desembolsado, la cantidad de créditos con este beneficio sigue siendo baja.

Las cifras dejan un sabor agridulce. Si bien los pocos que acceden al crédito formal lo hacen en condiciones relativamente favorables, la cobertura sigue siendo insuficiente y la oferta de crédito no alcanza a una porción significativa de la población. Si el objetivo del financiamiento público es fortalecer la producción agropecuaria en el Catatumbo, es fundamental no solo garantizar la disponibilidad de recursos y mecanismos de garantía, sino


[1] En este análisis consideramos los municipios de Norte de Santander: Ocaña, Ábrego, El Carmen, Convención, Teorama, San Calixto, Hacarí, La Playa, El Tarra, Tibú y Sardinata; y en Cesar: Río de Oro y González. El decreto de conmoción interior incluye otros municipios no considerados en este análisis.

Bitcoin en Colombia: Entre el Mercado Oficial y la Economía Alternativa

En Colombia, Bitcoin no se comporta como en otros mercados emergentes. Mientras que en muchos países en desarrollo la criptomoneda tiende a cotizar con una prima sobre su precio internacional, en Colombia ocurre lo contrario: se negocia con un descuento constante. Esta anomalía, que denominamos Bitcoin yield gap, revela una interconexión inesperada entre el mercado cambiario oficial y un mercado naciente que, aunque a menudo considerado marginal o incluso ilegal, tiene implicaciones reales sobre la economía del país.

Nuestro estudio, publicado en Humanities and Social Sciences Communications, analizó datos entre 2020 y 2023 y encontró que el factor clave detrás del Bitcoin yield gap en Colombia es el mercado de divisas tradicional. A diferencia de lo que se podría pensar, que un Bitcoin vale lo mismo en cualquier parte del mundo y su precio está fijado únicamente por la oferta y demanda de criptomonedas, en Colombia la dinámica del mercado cambiario juega un rol importante. Esto sugiere que los inversionistas en Bitcoin están expuestos a las mismas distorsiones e imperfecciones que afectan a quienes acceden al mercado cambiario tradicional.

El caso colombiano es una muestra de cómo los mercados formales e informales interactúan y se influyen mutuamente. Bitcoin, a pesar de operar en un espacio digital descentralizado, no está exento de las condiciones económicas locales. El mercado de dólares negro, la volatilidad cambiaria y las regulaciones del mercado de divisas afectan su precio y, en última instancia, el comportamiento de los inversionistas que lo utilizan como un vehículo alternativo de inversión.

Estos hallazgos tienen implicaciones tanto para reguladores como para inversionistas. Desde una perspectiva de política pública, entender la relación entre el mercado de divisas y el precio de Bitcoin podría ayudar a diseñar estrategias más efectivas para gestionar el acceso a moneda extranjera sin generar distorsiones en otros mercados financieros. Para los inversionistas, conocer cómo la oferta de dólares influye en el precio del Bitcoin en pesos colombianos podría mejorar la toma de decisiones, especialmente en un país donde Bitcoin aún se encuentra en un limbo regulatorio.

Más allá de la especulación, el estudio de Bitcoin en Colombia nos permite entender cómo los mercados alternativos y emergentes pueden complementar –o desafiar– los sistemas financieros tradicionales. En un contexto donde las brechas económicas y regulatorias generan tanto oportunidades como restricciones, el análisis de las dinámicas del precio del Bitcoin en pesos colombianos no solo es relevante para el mundo cripto, sino también para quienes buscan comprender la economía colombiana en su totalidad.

Retos del Crédito Rural: Más Allá de la Tasa de Usura

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

Desde hace miles de años, el acceso al crédito ha sido regulado, y desde entonces, esto ha implicado mucho más que simplemente limitar las tasas de interés. El Código de Hammurabi, con más de 3,700 años de antigüedad, no solo establecía techos a las tasas, sino que también incluía exoneraciones en casos de desastres naturales, reconociendo que el crédito debe adaptarse a su contexto. Hoy, el debate sobre la tasa de usura en Colombia no debe limitarse a su modificación o eliminación; es crucial complementarlo con medidas que aborden las barreras estructurales que dificultan el acceso al crédito.

Esta semana, ANIF y Colombia Fintech propusieron discutir la necesidad de revisar la tasa de usura, señalando cómo puede restringir el crédito y exponer a los más vulnerables al gota a gota, una alternativa costosa y peligrosa. En el ámbito rural, se ha documentado que los techos en las tasas tienden a beneficiar a los grandes agricultores a costa de excluir a los pequeños, perpetuando desigualdades. Aunque eliminar la tasa de usura podría reducir estas inequidades, no resolverá los problemas de fondo.

El financiamiento rural presenta características únicas que dificultan el funcionamiento eficiente de los mercados de crédito. La dispersión geográfica de los productores, la falta de acceso a información confiable y los altos costos asociados con la validación y monitoreo de datos generan un entorno de asimetría de información que encarece el crédito. Esto incrementa la percepción de riesgo por parte de las entidades financieras, limitando su disposición a prestar o elevando significativamente las tasas para compensar dicho riesgo.

Además, las tasas de interés afectan directamente las decisiones de los agricultores. Se ha evidenciado que, ante tasas más altas, los agricultores tienden a optar por cultivos más riesgosos, lo que, sumado a los riesgos climáticos y económicos que ya enfrentan, incrementa su vulnerabilidad. Por lo tanto, si bien liberar las tasas podría ser un primer paso para facilitar el acceso al crédito, no será suficiente sin medidas complementarias que reduzcan estas barreras estructurales e incluso podría tener efectos adversos en la economía rural.

Las políticas orientadas a reducir las brechas del crédito rural deben incluir mecanismos para garantizar el cumplimiento de contratos, así como tecnologías de trazabilidad y herramientas de georreferenciación que mejoren la disponibilidad de información y disminuyan los costos operativos asociados al crédito. Estas medidas permitirían un monitoreo más eficiente del uso de los recursos y del desempeño productivo de los agricultores.

Desde el Observatorio Financiero Rural consideramos que el debate sobre la tasa de usura debe ser solo el comienzo de una discusión más amplia que aborde los problemas estructurales del crédito rural en Colombia, con el objetivo de construir un sistema financiero inclusivo que fomente el desarrollo sostenible y equitativo del campo.

Los recuperados del covid que fallecen

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

Acorde a los reportes del Instituto Nacional de Salud, en lo corrido de noviembre se han registrado 3.067 fallecidos por covid en Colombia, 180 fallecidos en promedio al día. No deja de llamar la atención que de estos fallecidos 1.113 casos figuraban como recuperados el día inmediatamente anterior al que se registrara su muerte.

Más de una de cada tres muertes registradas en noviembre son de personas que sabíamos se habían contagiado, pero que pensábamos se encontraban recuperadas.

Los casos registrados de covid en Colombia superaron los 1,2 millones. Es claro que los recursos físicos, humanos y financieros no alcanzan para monitorear a todos los contagiados. Hay muchas cosas que sabemos del covid que nos pueden ayudar a focalizar recursos.

Por ejemplo, sabemos que la gran mayoría de contagiados son casos leves, de personas jóvenes, que se recuperan en aproximadamente dos semanas sin requerir atención hospitalaria. Para esta inmensa mayoría, probablemente lo importante es asegurarnos que se aíslan para evitar nuevos contagios, mas no necesariamente es importante hacer un seguimiento cercano de su estado de salud.

Seguramente tampoco es necesaria una prueba PCR para comprobar que ya están recuperados, cuando tenemos una capacidad limitada para procesar pruebas y estas pueden ser requeridas para identificar nuevos casos.

Pero también sabemos que el covid es especialmente peligroso en individuos de la tercera edad, en personas con comorbilidades y que la mayoría de los fallecidos son hombres. Esperaríamos que a los contagiados en este grupo sí se les hiciera un seguimiento cercano de su estado de salud.

Los recuperados que luego fallecieron pertenecen a este grupo: tenían en promedio 70 años y el 65 por ciento de ellos eran hombres. Pero no parece que se les estuvieran prestando especial atención, pues el 82 por ciento figuraba ubicado en casa el día anterior al registro de su muerte, y el 97 por ciento había sido clasificado como recuperado sin una prueba PCR.

Algo debe estar fallando cuando los recuperados por covid se nos mueren, especialmente cuando representan más de un tercio del total de muertes. La mayoría murió a los pocos días de haber sido clasificado como recuperado: no sabemos si así se sentían o si recibieron la atención adecuada.

¿Será por esto que la curva de fallecidos no ha querido bajar más?

¿Qué pasa con los sospechosos por covid en las UCI de Bogotá?

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

Ayer se empezó a hablar de alerta roja en Bogotá por el alto número de camas ocupadas en UCI. Acorde a las cifras de Saludata, de 1,013 camas disponibles para covid en la capital, 849 se encuentran ocupadas, lo que representa una ocupación del 84 por ciento.  El mensaje que nos da el gobierno local es claro; nuestro sistema de salud comienza a saturarse y podemos colapsar por lo tanto debemos volver a encerrarnos.

Pero si van a usar la cifra de ocupación UCI para justificar volver al encierro, lo mínimo que debe existir es claridad en los números que nos reportan, pero esto no es así.  Ya en una entrada anterior, hace más de un mes, había mostrado cómo la gran mayoría de pacientes en UCI en Bogotá por covid no tienen un diagnóstico.  A corte del 5 de Julio se reportan 849 pacientes en UCI, pero de estos 710 no tienen un diagnóstico de covid con prueba PCR.  Hace más de un mes 78 por ciento de pacientes en UCI no tenían diagnóstico, hoy son el 84 por ciento. La cosa no ha cambiado.

Para dimensionar el número de pacientes sin diagnóstico en UCI en Bogotá basta compararlo con el número total de pacientes en UCI en el país que es de 875.  En Bogotá los sospechosos son casi tantos como el total de confirmados con covid en UCI en el país.  Con razón estamos a punto de saturar el sistema.

Pero el problema de los sospechosos no es solo que saturen el sistema, queda la pregunta de qué está pasando con ellos. Desafortunadamente no tenemos datos de los sospechosos, pero sí de los confirmados.  Si realmente esos sospechosos tienen covid entonces el comportamiento de los confirmados nos puede decir algo sobre los sospechosos.

De los confirmados en UCI podemos decir por ejemplo que la estadía en UCI es larga.  En promedio, quienes han entrado a una UCI en Bogotá después del 15 de mayo han permanecido en esta por 18.7 días y este número subestima la verdadera duración en UCI, pues muchos de los enfermos aún continúan ahí.

Desafortunadamente la mayoría de los que han salido de UCI es porque fallecieron. Desde el 15 de mayo han entrado a UCI 266 nuevos pacientes con covid confirmado, de estos 81 han fallecidos, 43 se han recuperado, 8 más han logrado salir de UCI pero aún no se han recuperado y 134 se mantienen en cuidados intensivos (los 5 adicionales que hay hoy en UCI son pacientes que entraron a esta antes del 15 de mayo).

Quienes fallecen son usualmente las personas mayores.  La gráfica de abajo muestra el estado de los pacientes a julio 5 por rangos de edad.  La edad promedio de los pacientes ingresados a UCI es 55 años, de estos quienes fallecieron tienen en promedio 65 años mientras quienes se han recuperado tienen en promedio 50 años.

De los sospechosos no sabemos nada.  Para empezar, no sabemos que los hace sospechosos ¿Un resultado de una prueba serológica en lugar de una PCR? ¿Una tomografía? ¿Los síntomas? Tampoco sabemos quiénes son, su edad, cuando entran a UCI, cuánto duran o por qué salen del listado.

Lo único que podemos ver es en total cuantos sospechosos hay en UCI en cada fecha (no vemos la dinámica del flujo, solo vemos el stock).  Del stock sabemos que desde el 15 de mayo los sospechosos han pasado de 141 a 710, un incremento de 569 pacientes en mes y medio.  En el mismo periodo el stock de confirmados creció en 100 y cómo se mencionó arriba este incremento vino acompañado por 81 fallecidos.

¿Qué le está pasando a los sospechosos? Estos saldrían del listado por las mismas razones que los confirmados o porque se confirmó o rechazó la sospecha.  Dudo mucho que esos sospechosos estén pasando a confirmados pues como se documentó arriba la estadía en UCI es larga y los casos confirmados no crecen al mismo ritmo que los sospechosos.

Si estos sospechosos realmente tienen covid entonces la preocupación es sobre los fallecidos ¿Cuántos se han muerto? ¿Cómo están contando estas muertes sin diagnóstico? Desafortunadamente, en Colombia no tenemos datos actualizados de las muertes totales como para calcular el exceso de muertes que podrían ser atribuibles al covid sin necesidad de tener un diagnóstico, pero entonces, los sospechosos deberían ser diagnosticados prontamente, al menos los que están en UCI.

Las UCI en Bogotá y el alargamiento de la cuarentena

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

Claudia Lopez advierte que cuando la ocupación de las UCI destinadas a atender los casos de coronavirus en Bogotá llegue a 50 por ciento se pondrán más estrictas las restricciones de movilidad en la capital.  Este indicador es el más referenciado para justificar flexibilizar o volver más rígidas las medidas de aislamiento, por lo tanto, vale la pena escudriñar en él.

Al revisar las cifras de pacientes en UCI encontramos que se clasifican en 2 grupos: pacientes confirmados y sospechosos o probables. Desde que tenemos registros, el 8 de abril, la fracción de sospechosos es casi siempre más de las dos terceras partes del total de pacientes en UCI, y hasta el 27 de mayo el promedio es del 78 por ciento. Esto quiere decir que, para casi 8 de cada 10 pacientes en UCI, que creemos tienen coronavirus, no tenemos un diagnóstico.

Es entendible que los enfermos entren a la unidad de cuidados intensivos sin un diagnóstico y que, debido a sus síntomas y exámenes, ojalá una tomografía, se sospeche que tienen covid-19.  Pero se esperaría que tan pronto ingresan a la UCI se realice una prueba para confirmar su diagnóstico y entrarían a ser parte de los casos confirmados o saldrían del indicador.

La gráfica de abajo muestra la evolución del número de pacientes en UCI, las barras azules son pacientes confirmados y las barra naranjas pacientes sospechosos.  Lo que observamos es que el total de pacientes en UCI ha venido creciendo, pero casi que exclusivamente a punta de casos sospechosos, los confirmados solo se han incrementado en los reportes de los últimos 2 días pero siguen siendo menos del 25 por ciento.

Si el pronóstico sobre la posibilidad que un paciente en UCI esté contagiado de coronavirus fuese usualmente acertado, deberíamos ver que las barras azules se incrementan a medida que se incrementa el número total de pacientes en UCI, pues la estadía en UCI de los pacientes con coronavirus no es corta. De hecho, el modelo covid-19 de Bogotá asume una estadía promedio en UCI de 10 días y los datos de otros países sugieren incluso 14 o 15 días.

¿Por qué no crecen las barras azules? Se me ocurren tres posibilidades: 1. No estamos haciendo pruebas a los sospechosos o toman mucho tiempo los resultados. 2. La rotación en UCI es muy alta para los pacientes con coronavirus. 3. Los sospechosos realmente no tienen coronavirus.

Si no estamos haciendo pruebas los pacientes en UCI o entregando oportunamente los resultados, pensaría que tampoco lo estamos haciendo con el resto de la población, esto sería preocupante pues entonces el número de contagiados serían mucho peor de lo que muestran las estadísticas de casos confirmados.  Sin embargo, a la vez deberíamos estar viendo un gran número de fallecimientos pues las experiencias de otros países muestran que una gran fracción de pacientes en UCI por coronavirus mueren. En Bogotá la curva de fallecidos por covid-19 no ha crecido tan rápido, esperemos que no sea porque no los contamos.

Si la rotación en UCI fuese alta entonces, aunque los casos sospechosos se confirmen, estos estarían saliendo rápido de la UCI.  En este caso la UCI se satura por la gran cantidad de nuevos casos que llegan como sospechosos, lo bueno es que se pueden evacuar rápidamente.  Sin embargo, los datos de otros países indican que las estadías por covid-19 son usualmente largas y entonces esto sugeriría que en Bogotá los tratamientos y tiempos deben ser diferentes a los de otros países.

Si el problema es que los sospechosos realmente no están con coronavirus entonces la situación no es tan complicada como la pintan en términos de la pandemia, pero desastrosa en términos sociales y económicos. Estaríamos usando un indicador que genera temor en la población para justificar un aislamiento que ya está desgastando a la gente.

Sé que puede haber otras explicaciones y que sin datos es difícil identificar que es lo que está pasando realmente, pero lo importante es que exista suficiente claridad en el indicador porque a partir de este se están tomando las decisiones en salud y económicas.

La falacia de la cuarentena

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

Ganarle la guerra al coronavirus es aplastar la curva de nuevos contagiados minimizando el número de fallecimientos y el costo económico, pero esto no lo vamos a lograr exclusivamente a punta de cuarentena.  El aislamiento fue la medida acertada en una primera etapa defensiva mientras nos preparábamos para la ofensiva, pero luchar contra el coronavirus, armados solo con la cuarentena es insuficiente y perderemos la guerra.

Con la cuarentena reducimos el número de contactos diarios de las personas y por lo tanto la tasa de transmisión, se teme que una vez levantamos la medida vuelven los contactos y con ello los contagiados por coronavirus.  Bajo estos supuestos la cuarentena lo único que hace es desplazar la curva.  Su pico es inevitable y este solo se va a alcanzar cuando se logra que una alta fracción de personas que han sido infectadas desarrollen anticuerpos. Al llegar a este punto el virus ya no tiene como esparcirse y desaparece.

Nos enfrentamos entonces a la falsa dicotomía entre permanecer encerrados hasta que se encuentre una vacuna, como ha manifestado Claudia Lopez, o asumir los costos en salud hoy para reducir los costos económicos. Pero en este debate no hay tapabocas, testeo, rastreo o aislamiento focalizado en contagiados y su grupo de contacto.  Pareciera que, aunque se reconocen los beneficios de estas medidas, se asume que sus efectos son marginales o que tienen un efecto igual al del aislamiento, es decir, tan solo desplazan la curva. Pero la curva se puede aplastar y ya podemos ver como algunos países lo están logrando.

La gráfica de abajo muestra el promedio de 10 días de nuevos casos diarios para Suecia y Noruega.  Suecia y Noruega arrancaron igual en casos confirmados, pero Noruega tomó medidas más estrictas que Suecia. De hecho, Suecia es referenciada como ejemplo de una resignación a que gran parte de los ciudadanos se van a contagiar y no vale la pena asumir el costo económico.  Sin embargo, a diferencia de lo que se afirma, se observa que Noruega logró torcer la curva antes que Suecia y sin alcanzar un número alto de casos.  A esto es a lo que nos referiremos con aplastar la curva que va más allá de aplanarla.

Noruega logró esto sin quedarse indefinidamente en cuarentena y mientras ha relajado sus medidas de distanciamiento social.  El índice Oxford covid-19 rastrea la severidad de respuesta de los gobiernos ante el coronavirus, el índice va de 0 a 100 dónde 100 equivale a las medidas más estrictas.  Noruega llegó a registrar un índice de 79.6. pero desde el 19 de abril ha venido bajando y hoy se encuentra en 58.7.  Suecia se sitúa hoy en su puntaje máximo de 47.5.

Noruega no es el único ejemplo de que se puede aplastar la curva: Australia, Nueva Zelanda, China e Islandia, por mencionar algunos casos, también lo han hecho y todos con diferentes políticas, unas más restrictivas que otras.  De hecho, el éxito en la lucha contra el covid-19 no está en que tan estrictas son las medidas. El índice Oxford covid-19 para Colombia hoy es 90.7, su máximo fue 93.4, llevamos cerca de 2 meses en cuarentena y la curva sigue para arriba.

En Colombia algunas regiones han demostrado que podemos vencer al coronavirus o al menos darle la batalla. Mientras Bogotá sigue creciendo y la costa caribe acelera, Antioquía ha logrado aplanar su curva .  Ya algunas voces afirman que las diferencias se deben al cumplimiento de las medidas de aislamiento por parte de los ciudadanos.  El alcalde de pueblo viejo en la costa caribe, ante la gran cantidad de casos en su municipio, se lamenta resignado afirmando que, debido a la cultura costeña, era más difícil hacer cumplir la cuarentena en su pueblo y por eso la gran cantidad de casos.

La gráfica de abajo muestra las tendencias de movilidad en estaciones de transporte para Bogotá, Antioquia, Valle del cauca y Atlántico a partir de los datos de google.  Pareciera que todos estamos acatando la cuarentena por igual, pero si así es ¿Por qué Antioquia baja y los demás suben? La respuesta debe estar en lo que se hace más allá de la cuarentena: pruebas, tapabocas, rastreo y asilamiento a contagiados. La gráfica se ve igual si miramos la movilidad en parques o centros comerciales.

La falacia de los críticos de la cuarentana está en asumir que solo desplaza la curva, la falacia de quienes se niegan a relajarla está en pensar que es la única herramienta para luchar contra el coronavirus.  No podemos vivir en cuarentena eternamente, pero mientras no exista plan para salir toca quedarnos guardados.

¿Medir el contagio de covid por habitantes en Bogotá?

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

El covid-19 ha evolucionado diferente en las localidades de Bogotá.  Kennedy con 942 casos representa cerca del 20 por ciento de los casos confirmados en la capital y con 38 fallecidos aporta el 25 por ciento de los muertos.  Sin embargo, la alcaldesa advirtió que teníamos que ver los números con cuidado pues era lógico que Kennedy aportara más casos que otras localidades dado que tenía más población.  Al ajustar por población las localidades que requieren mayor atención son Antonio Nariño, Teusaquillo y Chapinero.

Sin embargo, aunque para algunas enfermedades puede ser razonable comparar regiones ajustando por la cantidad de habitantes, para entender la evolución del covid-19 no necesariamente lo es y menos para comparar localidades en una misma ciudad dónde todas están expuestas a las mismas normas y misma política en Salud.

Tampoco es clara la conexión entre el conteo de contagiados por habitantes con los modelos epidemiológicos, al menos en esta etapa inicial del virus.  En el modelo SIR, qué tanto nos referencian, cómo se esparce el virus está determinado por el número de contactos que tienen las personas y el tiempo que dura infeccioso un contagiado.

Lo que importa entonces es el circulo en el que se mueven las personas a diario y este círculo es mucho más pequeño que la población de la localidad en la que viven.  No necesariamente quienes viven en Kennedy tienen contacto con más personas al día que quienes viven en Teusaquillo o Antonio Nariño.  Si le creemos al SIR lo que tenemos que hacer es reducir el número de contactos que tienen los contagiados. Los datos parecen ser consistentes con que lo que importa son círculos de contacto, por ejemplo, en Estados Unidos los principales focos de contagio son usualmente las cárceles, hogares geriátricos y plantas de envasado de carne.  En Colombia las cárceles de Villavicencio y Leticia también se han convertido en un foco.

Además, siempre nos han explicado lo que lo importa es la evolución del número de casos y lo que lo queremos buscar es aplanar la curva, lo cual se logra reduciendo el número de nuevos contagiados.  La curva se va a aplanar igual si la medimos como un simple conteo o si la medimos en términos de la población.

Las gráficas de abajo muestran como se ve la curva del acumulado de contagiados para Kennedy, la localidad con más casos confirmados en Bogotá, bajo un conteo simple (izquierda) y bajo un conteo por 100,000 habitantes (derecha).  La pendiente de la curva es la misma, lo único que cambia es la escala. Si el objetivo de aplanar la curva da lo mismo seguir el conteo simple que el ajustado por habitantes.

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El problema que podemos llegar a tener por contar ajustado por habitantes está en que nos puede distorsionar la asignación de recursos.  La gráfica de abajo muestra las curvas del acumulado de casos confirmados para las tres localidades que le preocupan a la alcaldesa cuando tiene en cuenta el número de contagiados por habitantes: Antonio Nariño, Teusaquillo y Chapinero, así como para Bosa y Kennedy.  La curva de Teusaquillo y Chapinero parece haberse aplanado mientras las de Kennedy y Bosa crecen aceleradamente.  Antonio Nariño preocupa porque su naciente curva arranca empinada.  ¿Vale la pena entonces concentrar esfuerzos en Teusaquillo y Chapinero en lugar de Kennedy o Bosa?

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¿Qué es lo que hace diferente a Kennedy o Bosa de Chapinero o Teusaquillo? Una hipótesis son las diferencias en ingresos.  Aunque todos estamos sufriendo, los más vulnerables tienen menos margen de maniobra y se ven obligados a salir, tienen más contactos y por ende más contagios.  La gráfica de abajo relaciona el ingreso y el número de días que tomó pasar de 50 a 150 casos confirmados por localidad.

Hay una relación positiva entre el ingreso y el tiempo que demora el virus en reproducirse.  Los dos puntos en la parte superior derecha son Teusaquillo y Chapinero a quienes les tomó 37 días en triplicar sus casos.  Kennedy lo hizo en 11 días y Bosa en 19.  Para contener el virus lo que deberíamos hacer entonces es llevar ayudas y pedagogías a las localidades con más vulnerables en lugar de enfocarnos en las localidades con más contagiados por habitantes.

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Reactivar la economía saliendo con estrategia.

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

La estrategia para luchar contra el Covid-19 no puede ser guardarnos indefinidamente como si fuese la única arma que tenemos contra el virus.  El aislamiento generalizado no es sensato ni desde el punto de vista económico ni de salud.  Durante el periodo de aislamiento generalizado jugamos a la defensiva resguardándonos de manera pasiva a la espera que llegaran los enfermos para tratarlos. Este era el camino correcto pues el ataque nos tomó por sorpresa y no estábamos preparados para enfrentarlo. Ha pasado un mes y la estrategia debe cambiar, es hora de pasar al ataque en la lucha contra el virus.

Llevamos más de un mes confinados y ya tenemos que pensar en volver a salir a producir en la nueva cotidianidad.  Desde el pasado lunes 27 por parte del gobierno nacional se abrió la posibilidad de reactivar los sectores de la construcción y manufacturas, aunque los mandatarios locales deben establecer las reglas con las que se reactivarán estos sectores. Bogotá despertó una gran polémica el domingo en la noche, pues cuando varios se preparaban a salir a trabajar al día siguiente, la alcaldesa anunció que las restricciones se mantenían y presentó una serie de procedimientos y plazos para autorizar gradualmente el regreso al trabajo a estos sectores.

Es evidente que Claudia López no es muy partidaria de relajar el aislamiento e incluso ha llegado a afirmar que debería continuar hasta que exista una vacuna.  Para respaldar sus decisiones Claudia cita los modelos de salud del COVID que utiliza la ciudad, en estos modelos relajar el aislamiento se traduce en un incremento en contagiados, pacientes que requieren atención hospitalaria y muertos.  Los modelos le dan un respaldo científico a las medidas y nos advierten de un panorama oscuro si no obedecemos.

El problema con los modelos es que son tan buenos como sus supuestos.  En el modelo que publica la ciudad asume que durante un tiempo se guarda entre el 60% y 70% de la población y que al levantar el aislamiento continúan guardados por otro rato los mayores de 70 y los niños.  En este modelo no juegan ningún rol las pruebas, las máscaras ni los protocolos de bioseguridad.  Como la única estrategia del modelo es el aislamiento generalizado entonces la curva no se aplana y lo único que podemos hacer es desplazarla al futuro alargando la cuarentena.  No es sorpresa entonces que la luz que ve Claudia para evitar esa curva de contagiados es que la vacuna llegue antes de acabar la cuarentena, pero esto a todas luces es económica y socialmente inviable, por no decir irrealista. Al mismo tiempo los ciudadanos ven un modelo dónde la curva es inevitable y se preguntan, con razón, si no es mejor asumir el costo en salud ya para evitar el costo económico de postergarlo.

Tenemos que abrir ya, pero lo debemos hacer con estrategia o de lo contrario el costo económico que ya asumimos guardándonos un mes se perderá. Por un lado, el éxito está en la identificación y aislamiento temprano de los contagiados, así como en el seguimiento y aislamiento a sus contactos. Aislar no es solo enviar a la casa, a los contagiados los debemos aislar individualmente como lo hace Corea del Sur, no los podemos mandar a casas de 40 metros cuadrados dónde viven 8 personas incluyendo adultos mayores; ahí está la infraestructura hotelera sin utilizar que podemos aprovechar.

Pero para poder identificar a los contagiados hay que hacer pruebas, muchas pruebas y contar con resultados rápidamente.  Actualmente estamos haciendo casi cuatro mil pruebas diarias y el tiempo en Bogotá entre inicio de síntomas y el diagnóstico es 12.5 días, esto evidentemente no es suficiente si varios vamos a salir a la calle.  Por el otro lado la calle y las firmas se deben preparar para recibir a la gente ¡claro que se deben establecer protocolos de bioseguridad! pero no es tarea del distrito crearlos pues para eso existen entidades privadas y mixtas que lo hacen, no podemos dejar que caiga en la burocracia de los mandatarios locales la discreción de decidir quien puede trabajar y quién no.

¿Alivio a las firmas o a los trabajadores?

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

La situación económica generada por el coronavirus no da respiro. Todos los días vemos a un nuevo sector pidiendo ayuda: la cultura, el fútbol, los restaurantes, los colegios privados e incluso las iglesias. Todos los sectores están asfixiados, las obligaciones siguen y no hay ingresos o estos se están viendo reducidos drásticamente. Las constantes solicitudes de los empresarios nos han llevado entonces a centrarnos en debatir cómo entregar recursos a las empresas, a cuáles y cambio de qué. Sin embargo, la idea de ayudar a la firma para que de alguna manera el alivio llegue al trabajador no va a funcionar en la coyuntura actual pues si no hay ventas, no hay firma y eso no lo cambia transferencia alguna.

Para ver como ayudamos a las firmas debemos reconocer que empresarios y asalariados tenemos algo en común, todos somos hogares y hoy todos necesitamos ayuda. Lo mejor que podemos hacer es concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad que tenemos en común, cubrir las necesidades del hogar, sin importar si ese hogar genera su ingreso por un salario, honorarios, rentas por un arriendo o dividendos. Adicionalmente, los alivios deben ser para todos, nadie se queda por fuera sin importar su situación laboral o ingreso. Obviamente algunos reciben más ayudas que otros, pero todos tenemos acceso a algún beneficio en caso de necesitarlo.

La ventaja de ayudar directamente al hogar es que quitamos el peso de esa responsabilidad a las empresas. Si no permitimos que las firmas recorten nóminas y reduzcan gastos entonces no vamos a tener firmas cuando pase el aislamiento; las que sobrevivan van a retomar labores asfixiadas, endeudadas y con una acumulación de obligaciones que las dejará en una situación muy frágil. No le podemos pedir a las firmas que mantengan gastos y no tengan ingresos, cualquier empresario sabe que esto no es negocio y lo óptimo es cerrar. Las transferencias a las firmas para cubrir los gastos de nómina no van a cambiar la decisión del empresario, pues el propósito de las firmas no es hacer transferencias monetarias a los empleados mientras se asumen arriendos, servicios e intereses de financiación sin recibir un ingreso.

A las firmas les debemos permitir hibernar mientras pasa la emergencia para no acabarlas. Liquidar una firma es costoso y si se liquida es difícil que vuelva a arrancar. Debemos permitir que durante la emergencia las firmas envíen a sus trabajadores a licencias no remuneradas y no paguen arriendos ni servicios públicos, así, cuando sea momento de volver a arrancar, no cargan con el lastre del aislamiento. En este escenario el trabajador no ha sido despedido y por lo tanto no hay necesidad de liquidarlo. El empleado puede sustituir su ingreso accediendo a las cesantías (algo que ya puede hacer). Cómo probablemente las cesantías no sean suficientes deberíamos permitir que reciba una mesada pensional anticipada de su fondo de pensiones, mientras pasa la emergencia. Por el lado del arrendador este podría estar dispuesto a sacrificar algo del canon de arrendamiento si existen alivios, como el no pago de la hipoteca, pues él sabe que no es realista esperar el pago del arriendo si el arrendador no genera ingresos, además, si hoy le devuelven un local u oficina, el arrendador sabe que no lo va a poder arrendar por un buen tiempo.

El análisis no solo aplica a firmas sino también a quienes viven de la renta. La propuesta de alivios en arriendo, que actualmente se discute, se está quedando coja precisamente porque se enfrascaron en la disyuntiva de que el beneficio del arrendatario es el costo del arrendador. Separamos a los agentes y nos olvidamos de las necesidades que tienen en común. El problema de ver las cosas de esta manera es que terminamos en que, con cualquier cosa que hagamos, una parte se beneficia a costa de la otra. Lo que debemos hacer es crear un mecanismo para que ambos se beneficien y ambos asuman un costo. En posts anteriores propuse una serie de ideas dónde todas estaban enfocadas en aliviar a los hogares directamente, incluyendo un mecanismo para aliviarle el costo a los arrendatarios y proveerles liquidez a los arrendadores.

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