Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.
Follow @jairoarenTenemos que ocuparnos de las necesidades de la gente de manera inmediata, especialmente las de los más vulnerables, pero sin dejar de ayudar a nadie. No es momento de desgastarnos en discutir sobre cuál es el mejor mecanismo que focaliza las ayudas. Hoy la cuestión es de urgencia y es mejor pecar por generosos que por precavidos. La nota macroeconómica de la universidad de los Andes asegura que las medidas del gobierno beneficiarían a cerca de 14 millones de personas pero que las bases del régimen subsidiado de salud cuentan cerca de 23 millones de personas, es decir que solo comparando estas dos muestras la diferencia es de 9 millones de personas que muy probablemente requieren una asistencia y no van a acceder a ellas. Si además empezamos a contar a los colombianos y venezolanos, que no están registrados en ninguna de estas bases y requieren ayuda, la cifra seguramente es mucho más alta.
Las personas para sobrevivir esta pandemia requieren un techo, alimentos, servicios públicos y medicinas/servicios médicos. De alguna manera se han realizado propuestas para garantizar el acceso a servicios públicos y se habla de transferencias monetarias para que financien el resto, sin embargo, la sola entrega de dinero se queda corta para garantizar el acceso a los bienes y servicios básicos de los hogares pues no se garantiza que va a alcanzar para todo y menos que se logra mantener el nivel de consumo de estos. Hoy cuando muchos hogares se ven expuestos a choques adversos no es el momento de realizar ajustes, de hecho, en la mayoría de los casos es imposible realizarlos. Quien se queda sin trabajo hoy no puede salir a buscar una vivienda más barata, no puede migrar y si se va dónde sus familiares tendríamos en salud un efecto contrario al que buscamos con el aislamiento. Hoy realizar ajustes en el consumo de vivienda, servicios médicos y servicios públicos es muy difícil, solo quedan los alimentos dónde el margen no es muy grande.
Una de las restricciones para tomar medidas es nuestro sistema económico descentralizado dónde varios agentes aportan un pedazo al proceso de producción y todo funciona. Quien siembra y cosecha el maíz no es quién vende las arepas, pero del valor de la arepa algo llega al agricultor. Milagrosamente este sistema trabaja sin que exista un encargado de la producción y suministro de arepas a la población. Este sistema funciona maravillosamente bajo condiciones normales o de bajo estrés, sin embargo, nos ha dejado muy expuestos en situaciones extremas como la que vivimos actualmente. No podemos seguir tomando medidas hoy confiando que este sistema va a cumplir nuestros objetivos propuestos. Desafortunadamente eso es lo que estamos haciendo, creemos que si le damos ayudas a los bancos y empresas eventualmente algo llegará a aliviar los hogares. El decreto 444 que da vida al fondo de mitigación de emergencias es muy específico en decir de dónde sacará los fondos pero muy vago en decir qué va a hacer con ellos.
En un post pasado propuse tres ideas para aliviar a los hogares, estas están dirigidas a la vivienda y los servicios públicos. La propuesta era un gran crédito nacional a todos los hogares del país para financiar las hipotecas, arriendos y servicios públicos, bajo esta propuesta todos viviremos a crédito por unos meses con el estado como financiador. El mecanismo era comprar la deuda que tenían los establecimientos de crédito y arrendadores y cesar los cobros. Las medidas tomadas por el gobierno durante el fin de semana quedaron a menos de medio camino, van a comprar la deuda a los bancos, pero no dicen nada de cómo el alivio llega a los hogares. Se sigue pensando que los mecanismos del modelo eventualmente lograran que algo llegue a la gente. Ya hay varias voces que se oponen a la medida y con razón.
Propongo ahora unas ideas para garantizar el acceso a alimentos y servicios médicos. Para acceder a los alimentos tenemos varios retos. Por un lado, aunque se asegura que se garantiza el abastecimiento, las noticias de incrementos desmesurados en los precios son constantes y al mismo tiempo los campesinos aseguran que ellos no están recibiendo mayores ingresos ¿Qué puede estar pasando? Probablemente que los intermediaros están aprovechando la situación y extraen rentas de una población ya ahogada. Bajo este escenario cualquier transferencia monetaria tendrá un menor poder adquisitivo del esperado si no hay una regulación de precios. Por otro lado, quien requiere comprar alimentos debe ir físicamente a un mercado y enfrentar aglomeraciones en contravía de lo que nos piden las autoridades de salud, y aunque se recomienda hacer pedidos a domicilio quien recibe una transferencia del estado no se puede dar el lujo de pagar domicilios. Lo que debemos hacer es llevar directamente a los barrios los alimentos y medicinas y entregarlos puerta a puerta. Claro que la logística sería un gran reto, pero hoy tenemos muchos recursos ociosos que podemos utilizar. Podemos empezar por las grandes ciudades dónde varias personas viven cerca y se tiene la infraestructura para llegar a los hogares. Para garantizar ordenadamente la entrega, esta puede estar acompañada por los organismos de seguridad. Otra ventaja es que el estado sería quien compra gran parte de los alimentos, tiene poder de mercado y puede garantizar buenos precios (en ausencia de corrupción). Si en otros países pueden construir hospitales en unas semanas nosotros podemos generar una red para entregar alimentos.
En cuanto a servicios médicos el reto es más grande pues no producimos los bienes que se requieren para atender la pandemia. Desafortunadamente esto es una consecuencia de nuestro sistema económico en cual los beneficios de la descentralización, especialización y comercio nos decían que, si los americanos son mejores que nosotros produciendo tanto respiradores artificiales como café, pero las diferencias son más marcadas en los respiradores artificiales, entonces lo mejor que podía pasar era que los americanos producían respiradores artificiales, nosotros café y los intercambiamos. Hoy es muy difícil que nos cambien café por respiradores artificiales pues la escasez y urgencia por estos es mundial. Nos toca a la carrera ajustar nuestro sistema de producción y aprovechar todos esos recursos que se están quedando sin usar de una manera responsable desde la perspectiva de salud. El estado puede asegurar la producción de los bienes y servicios que se requieren para atender las necesidades obligando a las firmas a producir y vender al estado respiradores artificiales, tapabocas, camas de hospital e indumentarias para los trabajadores de la salud. Por otro lado, se puede usar la infraestructura hotelera para aislar a los contagiados con síntomas leves y al personal médico y hospitalario (en diferentes hoteles), de esta manera aliviamos a los hoteles y prevenimos el contagio al no mandar a un infectado o expuesto a su hogar poniendo en riesgo a su núcleo familiar. Con esto podemos ayudar al sector hotelero sin que sea con un cheque en blanco. De la misma manera podemos usar la flota de transporte público para movilizar al personal médico bajo estrictas medidas de salubridad. Es punto es: nos toca producir lo que se necesita y podemos al tiempo poner a trabajar los recursos ociosos que tenemos y luchar contra el virus.
Reconozco que estas medidas son muy fuertes y uno de los principales retos es que se debe garantizar que sean transitorias para que en un futuro no puedan ser usadas de manera abusiva. Sin embargo, el mundo cambiará después de esta pandemia, volveremos a ver los beneficios de la especialización y comercio con unos ojos más precavidos y desde ya nos debemos empezar a preparar para estos cambios. En una próxima entrada discutiré unas propuestas de cómo debemos reacomodarnos.
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