Crédito en el Catatumbo: Acceso limitado en una región de alta vulnerabilidad

Desde el Observatorio Financiero Rural de la Universidad Javeriana, hemos analizado la realidad del crédito en el Catatumbo, una región que enfrenta desafíos económicos y sociales derivados del conflicto. Para atender la crisis en esta zona, el Gobierno decretó la conmoción interior y anunció la destinación de 2.7 billones de pesos para atender la emergencia. Parte de estos recursos se espera dirigir al fortalecimiento de la producción agropecuaria mediante nuevos créditos, alivios financieros y garantías.

Nuestro análisis se enfoca en los créditos desembolsados por las instituciones financieras en la región del Catatumbo, compuesta por 13 municipios, 11 en Norte de Santander y 2 en Cesar[1]. La única ciudad de carácter urbano es Ocaña, mientras que el resto de la región es predominantemente rural. En este contexto, comprender las condiciones actuales del crédito es clave para orientar adecuadamente las futuras intervenciones.

Durante 2024, las instituciones financieras desembolsaron $448 mil millones en 322,467 créditos, con una tasa de interés promedio del 20%. Sin embargo, la mayor parte de estos recursos se dirigió al crédito de consumo, que representa el 94% del número de créditos y el 42% del monto total desembolsado. En contraste, el crédito productivo, clave para el desarrollo económico del territorio, representa el 21% del monto total, una cifra significativamente superior al promedio nacional, donde solo el 2% del monto del crédito está destinado a actividades productivas.

El crédito productivo es aquel dirigido al desarrollo de actividades económicas, con montos de hasta $171 millones de pesos. En el caso del sector agropecuario, este tipo de crédito es fundamental para pequeños productores, quienes dependen de él para financiar insumos, infraestructura y capital de trabajo.

Un dato relevante es la concentración del crédito en Ocaña, el único municipio urbano de la región. Allí se colocó el 68% del total desembolsado y el 81% del número de créditos. Esto evidencia que, aunque existen recursos financieros en el Catatumbo, estos no necesariamente están llegando a los municipios más rurales.

En cuanto a los mecanismos de garantía, el Fondo Agropecuario de Garantías (FAG) respaldó 2,990 créditos por un total de $60 mil millones, lo que representa tan solo el 0.9% del total de créditos otorgados en la región y el 4.5% de los créditos en municipios rurales. Estos créditos respaldados por el FAG tuvieron una tasa de interés promedio del 13.2%, con un monto promedio de $20 millones. Aunque en los municipios rurales el FAG cubre el 36.1% del monto desembolsado, la cantidad de créditos con este beneficio sigue siendo baja.

Las cifras dejan un sabor agridulce. Si bien los pocos que acceden al crédito formal lo hacen en condiciones relativamente favorables, la cobertura sigue siendo insuficiente y la oferta de crédito no alcanza a una porción significativa de la población. Si el objetivo del financiamiento público es fortalecer la producción agropecuaria en el Catatumbo, es fundamental no solo garantizar la disponibilidad de recursos y mecanismos de garantía, sino


[1] En este análisis consideramos los municipios de Norte de Santander: Ocaña, Ábrego, El Carmen, Convención, Teorama, San Calixto, Hacarí, La Playa, El Tarra, Tibú y Sardinata; y en Cesar: Río de Oro y González. El decreto de conmoción interior incluye otros municipios no considerados en este análisis.

¿Alivio a las firmas o a los trabajadores?

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

La situación económica generada por el coronavirus no da respiro. Todos los días vemos a un nuevo sector pidiendo ayuda: la cultura, el fútbol, los restaurantes, los colegios privados e incluso las iglesias. Todos los sectores están asfixiados, las obligaciones siguen y no hay ingresos o estos se están viendo reducidos drásticamente. Las constantes solicitudes de los empresarios nos han llevado entonces a centrarnos en debatir cómo entregar recursos a las empresas, a cuáles y cambio de qué. Sin embargo, la idea de ayudar a la firma para que de alguna manera el alivio llegue al trabajador no va a funcionar en la coyuntura actual pues si no hay ventas, no hay firma y eso no lo cambia transferencia alguna.

Para ver como ayudamos a las firmas debemos reconocer que empresarios y asalariados tenemos algo en común, todos somos hogares y hoy todos necesitamos ayuda. Lo mejor que podemos hacer es concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad que tenemos en común, cubrir las necesidades del hogar, sin importar si ese hogar genera su ingreso por un salario, honorarios, rentas por un arriendo o dividendos. Adicionalmente, los alivios deben ser para todos, nadie se queda por fuera sin importar su situación laboral o ingreso. Obviamente algunos reciben más ayudas que otros, pero todos tenemos acceso a algún beneficio en caso de necesitarlo.

La ventaja de ayudar directamente al hogar es que quitamos el peso de esa responsabilidad a las empresas. Si no permitimos que las firmas recorten nóminas y reduzcan gastos entonces no vamos a tener firmas cuando pase el aislamiento; las que sobrevivan van a retomar labores asfixiadas, endeudadas y con una acumulación de obligaciones que las dejará en una situación muy frágil. No le podemos pedir a las firmas que mantengan gastos y no tengan ingresos, cualquier empresario sabe que esto no es negocio y lo óptimo es cerrar. Las transferencias a las firmas para cubrir los gastos de nómina no van a cambiar la decisión del empresario, pues el propósito de las firmas no es hacer transferencias monetarias a los empleados mientras se asumen arriendos, servicios e intereses de financiación sin recibir un ingreso.

A las firmas les debemos permitir hibernar mientras pasa la emergencia para no acabarlas. Liquidar una firma es costoso y si se liquida es difícil que vuelva a arrancar. Debemos permitir que durante la emergencia las firmas envíen a sus trabajadores a licencias no remuneradas y no paguen arriendos ni servicios públicos, así, cuando sea momento de volver a arrancar, no cargan con el lastre del aislamiento. En este escenario el trabajador no ha sido despedido y por lo tanto no hay necesidad de liquidarlo. El empleado puede sustituir su ingreso accediendo a las cesantías (algo que ya puede hacer). Cómo probablemente las cesantías no sean suficientes deberíamos permitir que reciba una mesada pensional anticipada de su fondo de pensiones, mientras pasa la emergencia. Por el lado del arrendador este podría estar dispuesto a sacrificar algo del canon de arrendamiento si existen alivios, como el no pago de la hipoteca, pues él sabe que no es realista esperar el pago del arriendo si el arrendador no genera ingresos, además, si hoy le devuelven un local u oficina, el arrendador sabe que no lo va a poder arrendar por un buen tiempo.

El análisis no solo aplica a firmas sino también a quienes viven de la renta. La propuesta de alivios en arriendo, que actualmente se discute, se está quedando coja precisamente porque se enfrascaron en la disyuntiva de que el beneficio del arrendatario es el costo del arrendador. Separamos a los agentes y nos olvidamos de las necesidades que tienen en común. El problema de ver las cosas de esta manera es que terminamos en que, con cualquier cosa que hagamos, una parte se beneficia a costa de la otra. Lo que debemos hacer es crear un mecanismo para que ambos se beneficien y ambos asuman un costo. En posts anteriores propuse una serie de ideas dónde todas estaban enfocadas en aliviar a los hogares directamente, incluyendo un mecanismo para aliviarle el costo a los arrendatarios y proveerles liquidez a los arrendadores.

¿Cómo va el COVID-19 en Colombia?

Ayudas alimentarias y servicios médicos en tiempos del coronavirus.

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

Tenemos que ocuparnos de las necesidades de la gente de manera inmediata, especialmente las de los más vulnerables, pero sin dejar de ayudar a nadie. No es momento de desgastarnos en discutir sobre cuál es el mejor mecanismo que focaliza las ayudas.  Hoy la cuestión es de urgencia y es mejor pecar por generosos que por precavidos.  La nota macroeconómica de la universidad de los Andes asegura que las medidas del gobierno beneficiarían a cerca de 14 millones de personas pero que las bases del régimen subsidiado de salud cuentan cerca de 23 millones de personas, es decir que solo comparando estas dos muestras la diferencia es de 9 millones de personas que muy probablemente requieren una asistencia y no van a acceder a ellas.  Si además empezamos a contar a los colombianos y venezolanos, que no están registrados en ninguna de estas bases y requieren ayuda, la cifra seguramente es mucho más alta.

Las personas para sobrevivir esta pandemia requieren un techo, alimentos, servicios públicos y medicinas/servicios médicos.  De alguna manera se han realizado propuestas para garantizar el acceso a servicios públicos y se habla de transferencias monetarias para que financien el resto, sin embargo, la sola entrega de dinero se queda corta para garantizar el acceso a los bienes y servicios básicos de los hogares pues no se garantiza que va a alcanzar para todo y menos que se logra mantener el nivel de consumo de estos. Hoy cuando muchos hogares se ven expuestos a choques adversos no es el momento de realizar ajustes, de hecho, en la mayoría de los casos es imposible realizarlos. Quien se queda sin trabajo hoy no puede salir a buscar una vivienda más barata, no puede migrar y si se va dónde sus familiares tendríamos en salud un efecto contrario al que buscamos con el aislamiento. Hoy realizar ajustes en el consumo de vivienda, servicios médicos y servicios públicos es muy difícil, solo quedan los alimentos dónde el margen no es muy grande.

Una de las restricciones para tomar medidas es nuestro sistema económico descentralizado dónde varios agentes aportan un pedazo al proceso de producción y todo funciona.  Quien siembra y cosecha el maíz no es quién vende las arepas, pero del valor de la arepa algo llega al agricultor.  Milagrosamente este sistema trabaja sin que exista un encargado de la producción y suministro de arepas a la población.  Este sistema funciona maravillosamente bajo condiciones normales o de bajo estrés, sin embargo, nos ha dejado muy expuestos en situaciones extremas como la que vivimos actualmente. No podemos seguir tomando medidas hoy confiando que este sistema va a cumplir nuestros objetivos propuestos. Desafortunadamente eso es lo que estamos haciendo, creemos que si le damos ayudas a los bancos y empresas eventualmente algo llegará a aliviar los hogares. El decreto 444 que da vida al fondo de mitigación de emergencias es muy específico en decir de dónde sacará los fondos pero muy vago en decir qué va a hacer con ellos.

En un post pasado propuse tres ideas para aliviar a los hogares, estas están dirigidas a la vivienda y los servicios públicos.  La propuesta era un gran crédito nacional a todos los hogares del país para financiar las hipotecas, arriendos y servicios públicos, bajo esta propuesta todos viviremos a crédito por unos meses con el estado como financiador.  El mecanismo era comprar la deuda que tenían los establecimientos de crédito y arrendadores y cesar los cobros.  Las medidas tomadas por el gobierno durante el fin de semana quedaron a menos de medio camino, van a comprar la deuda a los bancos, pero no dicen nada de cómo el alivio llega a los hogares.  Se sigue pensando que los mecanismos del modelo eventualmente lograran que algo llegue a la gente. Ya hay varias voces que se oponen a la medida y con razón.

Propongo ahora unas ideas para garantizar el acceso a alimentos y servicios médicos.  Para acceder a los alimentos tenemos varios retos.  Por un lado, aunque se asegura que se garantiza el abastecimiento, las noticias de incrementos desmesurados en los precios son constantes y al mismo tiempo los campesinos aseguran que ellos no están recibiendo mayores ingresos ¿Qué puede estar pasando? Probablemente que los intermediaros están aprovechando la situación y extraen rentas de una población ya ahogada.  Bajo este escenario cualquier transferencia monetaria tendrá un menor poder adquisitivo del esperado si no hay una regulación de precios.  Por otro lado, quien requiere comprar alimentos debe ir físicamente a un mercado y enfrentar aglomeraciones en contravía de lo que nos piden las autoridades de salud, y aunque se recomienda hacer pedidos a domicilio quien recibe una transferencia del estado no se puede dar el lujo de pagar domicilios.  Lo que debemos hacer es llevar directamente a los barrios los alimentos y medicinas y entregarlos puerta a puerta.  Claro que la logística sería un gran reto, pero hoy tenemos muchos recursos ociosos que podemos utilizar.  Podemos empezar por las grandes ciudades dónde varias personas viven cerca y se tiene la infraestructura para llegar a los hogares.  Para garantizar ordenadamente la entrega, esta puede estar acompañada por los organismos de seguridad. Otra ventaja es que el estado sería quien compra gran parte de los alimentos, tiene poder de mercado y puede garantizar buenos precios (en ausencia de corrupción). Si en otros países pueden construir hospitales en unas semanas nosotros podemos generar una red para entregar alimentos.

En cuanto a servicios médicos el reto es más grande pues no producimos los bienes que se requieren para atender la pandemia.  Desafortunadamente esto es una consecuencia de nuestro sistema económico en cual los beneficios de la descentralización, especialización y comercio nos decían que, si los americanos son mejores que nosotros produciendo tanto respiradores artificiales como café, pero las diferencias son más marcadas en los respiradores artificiales, entonces lo mejor que podía pasar era que los americanos producían respiradores artificiales, nosotros café y los intercambiamos.  Hoy es muy difícil que nos cambien café por respiradores artificiales pues la escasez y urgencia por estos es mundial.  Nos toca a la carrera ajustar nuestro sistema de producción y aprovechar todos esos recursos que se están quedando sin usar de una manera responsable desde la perspectiva de salud.  El estado puede asegurar la producción de los bienes y servicios que se requieren para atender las necesidades obligando a las firmas a producir y vender al estado respiradores artificiales, tapabocas, camas de hospital e indumentarias para los trabajadores de la salud. Por otro lado, se puede usar la infraestructura hotelera para aislar a los contagiados con síntomas leves y al personal médico y hospitalario (en diferentes hoteles), de esta manera aliviamos a los hoteles y prevenimos el contagio al no mandar a un infectado o expuesto a su hogar poniendo en riesgo a su núcleo familiar.  Con esto podemos ayudar al sector hotelero sin que sea con un cheque en blanco. De la misma manera podemos usar la flota de transporte público para movilizar al personal médico bajo estrictas medidas de salubridad. Es punto es: nos toca producir lo que se necesita y podemos al tiempo poner a trabajar los recursos ociosos que tenemos y luchar contra el virus.

Reconozco que estas medidas son muy fuertes y uno de los principales retos es que se debe garantizar que sean transitorias para que en un futuro no puedan ser usadas de manera abusiva.  Sin embargo, el mundo cambiará después de esta pandemia, volveremos a ver los beneficios de la especialización y comercio con unos ojos más precavidos y desde ya nos debemos empezar a preparar para estos cambios.  En una próxima entrada discutiré unas propuestas de cómo debemos reacomodarnos.

¿Cómo va el COVID-19 en Colombia?

Tres propuestas de alivio económico para el aislamiento.

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

Ante el coronavirus el aislamiento es necesario, no negociable y lo más sensato, pero trae consigo unos costos económicos sin precedentes en la historia reciente del país. Las medidas tradicionales de política fiscal y monetaria para incentivar la economía no funcionaran igual en esta situación, pues estas políticas actúan como incentivos para que los hogares consuman e inviertan en momentos que son reacios a hacerlo, hoy los agentes simplemente no pueden salir a gastar. Estamos encerrados e imposibilitados para salir a consumir y producir, además, requerimos con urgencia productos que no solemos producir como lo son los respiradores artificiales. La situación actual es extrema e igual deben ser las medidas económicas.

Lo principal es preocuparnos por nuestros hogares y por lo tanto nos tenemos que asegurar que cualquier medida los beneficie a ellos. La política tradicional asume un efecto cascada en nuestro descentralizado sistema económico, por ejemplo, cuando se le da liquidez y recursos a los bancos comerciales la idea es que estos le presten a los agentes ese dinero a tasas de interés atractivas, quienes a su vez van a consumir e invertir incentivando la economía. Sin embargo, ya hemos visto en el pasado como muchas veces de la teoría a la práctica existe una gran brecha y se corre el riesgo que los bancos no entreguen estos recursos a los agentes como se esperaba.

Hoy se habla de aliviar a la empresa que no despida a sus trabajadores pero una muy importante fracción de colombianos viven de la informalidad y no se verían beneficiados de estas medidas. Eso sin contar el espacio que se abre para ambigüedades, por ejemplo, una gran cantidad de personas trabajan bajo la modalidad de contratos de prestación de servicios (especialmente en el estado), las firmas podrían simplemente no renovarlos y aún así acceder a los beneficios. No podemos arriesgarnos hoy a simplemente esperar que los beneficios lleguen de alguna manera y sin fricciones a los hogares porque la cuestión es de urgencia.

En esta primera entrega propongo 3 estrategias para aliviar a los hogares. La idea detrás de todas es que el estado actúe como un prestamista para cubrir las necesidades básicas de la gente durante el aislamiento y en los meses siguientes.

  1. Créditos: El banco central le compra a descuento a los bancos comerciales los pagos que deben hacer los hogares por concepto de créditos de consumo e hipotecario para los próximos 6 meses. Los bancos comerciales suspenden los cobros a los clientes, así como débitos automáticos y acciones de cobro. De esta manera se otorga liquidez a los bancos comerciales y se garantiza que el alivio llega a los hogares. Una vez se levante el aislamiento las personas tienen 1 año + 2.5 veces la duración del aislamiento para ponerse al día con sus obligaciones sin intereses, cargos o sanciones. El recaudo lo harán los bancos comerciales y por esto reciben una remuneración razonable (<1%).
  2. La fracción de hogares que vive en arriendo en Colombia es alta comparada a estándares internacionales. Durante periodo de aislamiento se suspenden los pagos de arriendos de vivienda. Una vez se levante el aislamiento los arrendatarios pagarán el 50% del valor del canon adeudado sin intereses, cargos o sanciones, el 50% restante será condonado. Todos debemos contribuir, tanto trabajadores como dueños de capital. Los hogares tienen 1 año + 2.5 veces la duración del aislamiento para pagar. Durante el periodo de aislamiento más los 3 meses posteriores se suspenden los desalojos. Los arrendadores que infrinjan la norma serán susceptibles a que les expropien el inmueble arrendado. Para proveer liquidez a los arrendadores el banco central les puede comprar la deuda del arrendatario generada durante el aislamiento a un gran descuento (tener en cuenta que el arrendador se está viendo beneficiado de la moratoria en los cobros hipotecarios)
  3. Se congelan los pagos por servicios públicos, el estado otorga liquidez a las firmas prestadoras de servicios. No hay cobro de intereses, suspensiones, sanciones ni cobros. Una vez termine el aislamiento las personas tienen 1 año + 2.5 veces la duración de la cuarentena para ponerse al día con sus obligaciones.*

Para cuantificar los costos de estas medidas debemos verlas como un préstamo y por lo tanto los costos serían los intereses que asumiría el estado por financiar estos préstamos y las perdidas en las que se incurriría por aquellos hogares que no puedan pagar su deuda. Es hora de que el estado confíe y preocupe por nosotros.

Estas políticas aplican para todos los hogares sin distinción de su estrato, hoy todos tenemos restricciones para salir a producir, además con estas medidas se alivia el peso con que cargan los empleadores en este momento. Quiero aclarar que con esto no quiero decir que no debemos brindar una mayor protección a los hogares más vulnerables ¡Claro que debemos hacerlo! pero sobre ese aspecto ya existen varias propuestas y quería concentrarme en otras.

*Afortunadamente Bogotá ya se adelantó en una versión de esta propuesta pero es importante que sea nacional.

¿Cómo va el COVID-19 en Colombia?

Medidas económicas para el COVID-19 ¿Inmunización del rebaño o contagio 0?

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

Ante la emergencia por el Coronavirus la facultad de economía de la Universidad de los Andes y el observatorio fiscal de la universidad Javeriana publicaron, por separado, un documento con recomendaciones de medidas económicas para enfrentar la pandemia. Las similitudes entre los dos documentos son mayores a sus diferencias: ambos recomiendan transferencias a los más vulnerables y alivios a las empresas que no despidan a sus trabajadores.  Las diferencias están en los detalles. Sin embargo, algo más tienen en común los dos documentos: las recomendaciones parecen estar desconectadas de las estrategias en salud, como si fuesen independientes y al menos hoy no parece existir claridad en qué es lo que vamos a hacer en Colombia aunque ya nos están soltando unas pistas.

En cuanto a estrategias en salud se identifican dos aproximaciones para controlar el coronavirus: Por un lado, está una estrategia de tratar de llevar el contagio a 0.  En esta estrategia se toman medidas en el corto plazo muy fuertes, como aislar a la fuerza comunidades de manera prolongada y viene acompañada de una gran cantidad de pruebas para identificar infectados y aislarlos.  Por el otro lado está la estrategia de inmunizar el rebaño la cual pretende disminuir el flujo de infectados para no saturar los servicios de salud, en esta estrategia se aíslan, no a los infectados, sino a quienes son más propensos a poner presión al sistema de salud, es una resignación a que eventualmente nos vamos a contagiar y varios van a morir.  Las pruebas no juegan el mismo papel.  Antes de pensar en medidas económicas es importante identificar las diferencias en costos y beneficios, tanto en salud como económicos, de cada una de las dos estrategias.

La política de contagio 0 impone condiciones extremas a la sociedad y la economía en el corto plazo: grandes aislamientos de comunidades (cierre de estaciones de trenes, aeropuertos, vías), cierre de plantas y ruptura en los procesos productivos. Son medidas tan extremas que pareciera que solo las imponen y pueden hacer cumplir estados autoritarios como China. En este escenario no basta con pensar en medidas económicas que se preocupan por la demanda pues el problema de la oferta se convierte en un gran cuello de botella. En su libro, “En compañía de extraños”, Paul Seabright cuenta cómo luego del desplome de la unión soviética un oficial ruso le preguntó quién estaba a cargo de la oferta de pan en Londres a lo que Seabright respondió que nadie lo estaba, resaltando las ventajas del descentralizado sistema económico inglés.  Probablemente bajo una estrategia de contagio 0 la descentralización de nuestras economías es un problema ¿quién nos va a a garantizar que llegan los insumos? ¿quién controla a los especuladores/acaparadores? ¿quién garantiza que todos reciban al menos lo mínimo para sobrevivir? Y no estoy hablando de dinero sino de bienes y servicios, pues realizar una transferencia monetaria a una persona de bajos ingresos no garantiza que pueda acceder a los bienes y servicios que requiere para sobrevivir.  En caso de implementar una estrategia de contagio 0 tenemos que enfocarnos en sobrevivir durante la medida por lo que debemos pensar más allá de subsidios, tenemos que hablar de controles de precios, regulación para el acceso a bienes y servicios y controles en la producción.  Medidas impopulares entre economistas pero que dadas las circunstancias debemos considerar, es hora de pensar más allá de la política monetaria y fiscal tradicional.   Aunque el estrés en el corto plazo de la política de aislamiento 0 es muy fuerte la ventaja de esta política es que se puede retornar a la normalidad relativamente pronto, como lo vemos en China.

La política de inmunizar el rebaño difiere los costos a largo plazo, pone a trabajar al sector productivo a media marcha por un buen tiempo e impone una gran presión sobre el sistema de salud por mucho tiempo, pues no solo debe atender a los contagiados y enfermos de hoy sino a quienes sufran las secuelas en el largo plazo ¿Cuántos de los infectados tendrán daños para toda la vida en su sistema respiratorio?  La duración de la política económica debe ser acorde al horizonte de la política en salud.  Al inmunizar al rebaño la economía no se frena en seco como en el contagio 0, de alguna manera nuestro sistema sigue funcionando, aunque a media marcha y podemos seguir contando con la descentralización.  Sin embargo, no dejaría de ser irónico tener una estrategia de salud de inmunizar al rebaño, dónde dejamos que el virus elimine a los más débiles y al mismo tiempo tener una estrategia económica orientada a proteger a los más vulnerables. Los principales costos de inmunizar al rebaño se miden en cientos de miles vidas ¿qué medida económica está focalizada en quienes van a poner los muertos? Angela Merkel predice que hasta 70% de los alemanes se pueden llegar a infectar con coronavirus, si en Colombia fuera igual eso significaría cerca de 34 millones de personas infectadas, si 3% requieren cuidado intensivo estamos hablando más de 1 millón de personas.  Estimativos de la ACS indican que «Colombia cuenta con 12.000 camas entre unidad de cuidados intensivos (UCI) y unidad de cuidados intermedios de adultos, de las cuales 5.300 camas son UCI con una ocupación cercana al 80%; y solo del 10-15% de las camas UCI operan como aislados». Para Colombia tratar de controlar el flujo de la infección es tan peligroso como jugar con fuego y probablemente 3% de pacientes en UCI es optimista pues este número se acerca más a la tasa de mortalidad en algunos países.  ¿Cuál es el costo económico de perder 1 millón de personas?

Las medidas tomadas recientemente por nuestras autoridades nacionales y locales parecen indicar que optamos por una estrategia de inmunizar el rebaño: se puso en aislamiento a los mayores de 70 y a Bogotá en aislamiento solo por el fin de semana ¿Qué pasará el martes cuando todos vuelven al trabajo?  Por otro lado, la estrategia de contagio 0 requiere gran cantidad de pruebas, Corea, quien ha adoptado por esta estrategia ha realizado más de 3,600 pruebas por cada millón de habitantes.  En China la cifra es 2,820.  En Colombia se dice que estamos en capacidad para procesar 2,200 pruebas diarias, pero al mismo tiempo se reporta que desde el inicio de la pandemia y hasta el lunes 16 de marzo solo se habían realizado cerca 2,300 pruebas (47 por cada millón de habitantes). ¿Qué nos dice esto? que hay dos opciones 1. tenemos la capacidad para hacer las pruebas pero escogemos no hacerlo. 2. no es cierto que podamos hacer 2,200 pruebas al día.  En cualquiera de los dos casos la falta de pruebas nos condena a inmunizar el rebaño.

Lo primero que tenemos que pedir es claridad al gobierno.  Mientras escribía esta nota Duque centralizó las decisiones de toque de queda y aislamiento que estaban imponiendo las autoridades locales como si estas fueran incompatibles la estrategia nacional (¿Inmunidad del rebaño?).  A los colombianos no nos han explicado las consecuencias de esta estrategia, a nivel macro tenemos modelos que dicen que socialmente es mejor aceptar unos sacrificados pero a nivel individual a nadie le han dicho que probablemente le toca poner los muertos.

¿Cómo va el COVID-19 en Colombia?

 

La intervención del Banco de la República sobre la tasa de cambio ¿Innovando o improvisando?

Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.

El pasado 30 de octubre el Banco de la República anunció la activación de un mecanismo de intervención en el mercado cambiario mediante la subasta de opciones call por USD$500 millones con el fin de “moderar los aumentos injustificados de la tasa de cambio”.  La motivación del mecanismo parecer ser la siguiente: una opción  otorga el derecho (más no la obligación) a comprar dólares a un precio predeterminado, por lo tanto, si el comprador de la opción decide ejercerla el Banco de la República estaría obligado a vender dólares lo cual contribuiría a incrementar la oferta de dólares en la economía y así aliviar las presiones sobre la tasa de cambio.

Hasta acá todo parece ser muy sensato: si el banco vende dólares baja la presión sobre su precio, sin embargo la pregunta que surge es ¿por qué el Banco de la República no vende directamente los dólares en lugar de utilizar el mecanismo de las opciones? Esta pregunta no es tan trivial pues  conceptualmente una opción no es el activo adecuado para apostarle a la dirección del subyacente (aumenta o baja la tasa de cambio) sino como lo muestran Black, Scholes y Merton con sus contribuciones galardonadas con el Nobel en economía en 1997 es más una apuesta a la volatilidad, por lo tanto no es realmente intuitivo que estemos utilizando el instrumento adecuado para intervenir en la tendencia del dólar, de hecho, luego de una gran revisión encuentro que el Banco de la República es actualmente el único banco central del mundo en utilizar las opciones como un mecanismo de intervención en el mercado cambiario, alguna vez lo hizo México pero rápidamente lo abandonó por lo que uno se comienza a preguntar si somos muy innovadores o si estamos improvisando.

Al subastar opciones el Banco de la República está vendiendo volatilidad por lo tanto si el mecanismo tuviese algún impacto sobre la tasa de cambio deberíamos ver que luego del anuncio de intervención la volatilidad de la tasa de cambio cede (o al menos no se incrementa), el anuncio debería ser suficiente para impactar la tasa de cambio pues informa al mercado que un gigante está dispuesto a intervenir si las cosas se desvían mucho.  Una medida de la volatilidad de la tasa de cambio es su variación cuadrática la cual no es otra cosa que la suma de sus cambios porcentuales elevados al cuadrado.  La gráfica de abajo presenta en la línea azul la variación cuadrática acumulada de la tasa de cambio desde Enero de 2012 hasta la fecha construida a partir de retornos diarios (eje izquierdo), donde la pendiente de dicha curva puede ser usada como un estimador de la volatilidad de la tasa de cambio.  Podemos ver que volatilidad de la tasa de cambio parece ser casi que constante desde enero de 2012 hasta Noviembre de 2014 y desde entonces se ha disparado, de hecho, desde el anuncio del banco a la fecha el incremento ha sido aún más pronunciado por lo que al parecer dicho anuncio no solo no ha evitado que el peso continúe con su tendencia alcista, devaluándose un 6% adicional desde el 30 de octubre, sino que tampoco ha tenido un efecto aparente sobre la volatilidad del precio del dólar.

PrecioDolarPetroleo

En una entrada anterior discutí cómo la tasa de cambio en Colombia está fuertemente ligada a los precios del petróleo y esta tesis cobra fuerza cuando comparamos la volatilidad de estas dos series y aunque en los 3 últimos años la volatilidad del petróleo ha sido cercana al 30% anual mientras la volatilidad de la tasa de cambio es cercana al 11% su comportamiento ha sido similar.  En la gráfica también se presenta la variación cuadrática acumulada del precio del petróleo en naranja (eje derecho) y las similitudes son impresionantes: la pendiente de ambas curvas parece haber cambiado de manera casi que idéntica durante los pasados tres años y la tendencia alcista en la volatilidad parece seguir incrementándose, este comportamiento refuerza la tesis de que las principales fuerzas que están influyendo sobre nuestra tasa de cambio son externas y que lo que hemos hecho internamente poco o nada están contribuyendo a moderar esta tendencia.