Por: Jairo Andrés Rendón Ph.D.
Follow @jairoarenEl pasado 30 de octubre el Banco de la República anunció la activación de un mecanismo de intervención en el mercado cambiario mediante la subasta de opciones call por USD$500 millones con el fin de “moderar los aumentos injustificados de la tasa de cambio”. La motivación del mecanismo parecer ser la siguiente: una opción otorga el derecho (más no la obligación) a comprar dólares a un precio predeterminado, por lo tanto, si el comprador de la opción decide ejercerla el Banco de la República estaría obligado a vender dólares lo cual contribuiría a incrementar la oferta de dólares en la economía y así aliviar las presiones sobre la tasa de cambio.
Hasta acá todo parece ser muy sensato: si el banco vende dólares baja la presión sobre su precio, sin embargo la pregunta que surge es ¿por qué el Banco de la República no vende directamente los dólares en lugar de utilizar el mecanismo de las opciones? Esta pregunta no es tan trivial pues conceptualmente una opción no es el activo adecuado para apostarle a la dirección del subyacente (aumenta o baja la tasa de cambio) sino como lo muestran Black, Scholes y Merton con sus contribuciones galardonadas con el Nobel en economía en 1997 es más una apuesta a la volatilidad, por lo tanto no es realmente intuitivo que estemos utilizando el instrumento adecuado para intervenir en la tendencia del dólar, de hecho, luego de una gran revisión encuentro que el Banco de la República es actualmente el único banco central del mundo en utilizar las opciones como un mecanismo de intervención en el mercado cambiario, alguna vez lo hizo México pero rápidamente lo abandonó por lo que uno se comienza a preguntar si somos muy innovadores o si estamos improvisando.
Al subastar opciones el Banco de la República está vendiendo volatilidad por lo tanto si el mecanismo tuviese algún impacto sobre la tasa de cambio deberíamos ver que luego del anuncio de intervención la volatilidad de la tasa de cambio cede (o al menos no se incrementa), el anuncio debería ser suficiente para impactar la tasa de cambio pues informa al mercado que un gigante está dispuesto a intervenir si las cosas se desvían mucho. Una medida de la volatilidad de la tasa de cambio es su variación cuadrática la cual no es otra cosa que la suma de sus cambios porcentuales elevados al cuadrado. La gráfica de abajo presenta en la línea azul la variación cuadrática acumulada de la tasa de cambio desde Enero de 2012 hasta la fecha construida a partir de retornos diarios (eje izquierdo), donde la pendiente de dicha curva puede ser usada como un estimador de la volatilidad de la tasa de cambio. Podemos ver que volatilidad de la tasa de cambio parece ser casi que constante desde enero de 2012 hasta Noviembre de 2014 y desde entonces se ha disparado, de hecho, desde el anuncio del banco a la fecha el incremento ha sido aún más pronunciado por lo que al parecer dicho anuncio no solo no ha evitado que el peso continúe con su tendencia alcista, devaluándose un 6% adicional desde el 30 de octubre, sino que tampoco ha tenido un efecto aparente sobre la volatilidad del precio del dólar.

En una entrada anterior discutí cómo la tasa de cambio en Colombia está fuertemente ligada a los precios del petróleo y esta tesis cobra fuerza cuando comparamos la volatilidad de estas dos series y aunque en los 3 últimos años la volatilidad del petróleo ha sido cercana al 30% anual mientras la volatilidad de la tasa de cambio es cercana al 11% su comportamiento ha sido similar. En la gráfica también se presenta la variación cuadrática acumulada del precio del petróleo en naranja (eje derecho) y las similitudes son impresionantes: la pendiente de ambas curvas parece haber cambiado de manera casi que idéntica durante los pasados tres años y la tendencia alcista en la volatilidad parece seguir incrementándose, este comportamiento refuerza la tesis de que las principales fuerzas que están influyendo sobre nuestra tasa de cambio son externas y que lo que hemos hecho internamente poco o nada están contribuyendo a moderar esta tendencia.